El fin de Uribe, qué desesperado se le ve

Ah, Uribe, cuánto has cambiado, qué desesperado se te ve. Ya no sos el cínico sin corazón. Ya te ponés rojo ante la zozobra. ¿Qué ha pasado?

El fin de Uribe, qué desesperado se le ve

Columnista:

Mateo Quintero

 

Te venía diciendo, Uribe, que ahora esa percepción de la que hablé en un primer texto, cambió en mí y no sé con exactitud quién sos. Como dijo Sanín en la columna que escribió sobre vos: «Toda lectura de un ser humano es incompleta, provisional e ínfima; es una entre infinitas lecturas, y sola no es suficiente para dar cuenta de la realidad». Esa lectura que hacía de vos, como el gran nihilista de nuestro desasosiego, se vio truncada con las últimas entrevistas que te hicieron. Ya no respondiste con tranquilidad, ya no miraste con ese desdén que te caracterizaba, sino que te exaltaste: te vi perder los estribos en la entrevista de CNN. Estabas alterado, iracundo, molesto, incómodo, como jamás te había visto. Se vio en tu cara que te creés tus propias mentiras. Llamaste bravucón a la persona que solo transmitía la percepción de los demás, llamaste emboscada a una simple entrevista. Ah, Uribe, cuánto has cambiado, qué desesperado se te ve. Ya no sos el cínico sin corazón. Ya te ponés rojo ante la zozobra. ¿Qué ha pasado?

Vos, nuestro dictador tardío, te me hacés similar a Nerón. Y te considero nuestro primer dictador porque quién, ¿Rojas Pinilla? ¿Cuatro añitos en el poder? Qué tristeza. Vos sos nuestro dictador, ¡veinte años sí es tiempo! Que no te comparen con novatos, con aficionados. Como decía, te me hacías o te me hacés, no sé muy bien, es que te has demacrado mucho, parecido a Nerón. ¿Pero a cuál Nerón, el malvado monstruo creado por Tácito o el buen emperador que han reconsiderado otros historiadores? Pues el malvado, el que pervive en la historia como la gran muestra del mal, como el anticristo, porque yo qué voy a saber cómo fue en realidad, yo solo sé lo que la historia, esa otra ficción, me ha contado.

Y vuelvo con Fallaci, que me acompaña desde el primer texto: «La historia de ayer es una novela llena de hechos que nadie puede controlar, de juicios a los que nadie puede replicar». Así que hagámosle caso a la percepción común que se tiene de Nerón, aquel hombre cruel que mató a su mamá, a su primera y segunda esposa; una de ellas con una fuerte patada en el vientre cuando estaba embarazada, y quemó gran parte de su imperio para ampliar su Domus Aurea, que es igualita a tu Ubérrimo, aunque vos no quemaste sino que desplazaste. Aquel hombre tiránico pasaba por encima de todos y no le importaba ni asesinar a su propia madre con tal de mantener su poder. Vos no asesinaste, pero sí te aprovechaste de la muerte de tu padre para inventar la mentira de que eras un vengador; una víctima de la guerrilla.

Y Nerón también mantenía con miedo de los conspiradores, al igual que vos con Petro, con Maduro, con Santos, con las FARC. Estás lleno de enemigos, ¿verdad? Y las personas que conspiraban presuntamente contra él los mandaba a suicidarse, como a su maestro Séneca, al igual que vos con tu modus operandi de poner cianuro en vasitos de agua para que se suicide cualquier testigo que te pueda perjudicar. Y Nerón también se hacía pasar como defensor del pueblo y tenía una gran relación con sus súbditos, pero, como afirmó el profesor de arquitectura grecorromana Alessandro Viscogliosi, «Quería estar cerca del pueblo, pero como divinidad, no como su amigo».

Y, así mismo, sos vos, ¿no? Como un dios. O qué decir del cuadro de Paloma Valencia que te tiene como una reencarnación de Cristo. Por último, me parecen curiosos tus videos recitando poesía. A Nerón también le encantaba la poesía, y tenía un coro de aplaudidores. Vos no sabés recitar ni sabés hablar bien, pero todavía hay quien te aplaude las babosadas que salen de tu boca.

No te diría esto si fueras el dictador de otro país. Los otros dictadorcillos me parecen geniales. También los admiro y los estudio y no los comprendo. También me deslumbran con su rapacidad. Pero es que tu accionar sí me concierne. Nací en 1998 y desde que tengo uso de razón estás vos ahí, inmóvil, quitando y poniendo, legislando, promoviendo, jodiendo, o para decir una palabra más bella, más elocuente: chimbeando. Y estoy cansado. Porque yo también me niego a creer que la historia la hacen unos pocos individuos, también me niego a creer lo que dijo Russel: «No te preocupes. Lo que sucede en el mundo no depende de ti. Depende del señor Kruschev, del señor Mao Tse- Tung, del señor Foster Dulles. Si ellos dicen «morid», moriremos. Si ellos dicen «vivid», viviremos».

Me niego a creerlo, sí, pero es que es cierto. La historia de este siglo XXI, que me ha tocado vivir, la has hecho vos en mi país. Vos decidís por todos nosotros. Vos trazás las leyes que rigen nuestro destino. Pero muchos de nosotros se cansaron. Ya no te creen. Se llenaron de un valor inconcebible, de un valor sin precedentes, y no se han dejado molestar tanto de vos. Por eso es que ya te mostrás iracundo, por eso es que en tus videos abrís los ojos como un loco desesperado que no sabe qué hacer. Ya nadie te quiere obedecer. Y ese orden que vos implorás a la fuerza pública quedó en el pasado. Estos días ha reinado una bella desobediencia. Y estoy de acuerdo con Fallaci cuando dice: «La desobediencia hacia los prepotentes la he considerado siempre como el único modo de usar el milagro de haber nacido». Estamos ante el milagro de la existencia. ¿Con qué derecho vos seguís con el poder? ¿Acaso Dios te ha elegido como a un mesías infame? No te tenemos respeto en absoluto. Estás desvariando y asistiendo a tu propio entierro.

«La última palabra sobre la ética de los poderosos la tienen los poetas», afirmó Xavier Roca Ferrer, e hizo referencia con ello a que los que escriben la historia son los que definen la ética de los gobernantes y hacen que así los recuerde la posteridad. Todos los poetas del país te tienen en mala estima porque se informan y documentan sobre tu tenebroso actuar, y se encargarán de mostrarle al mundo lo que realmente sos. Vos no tendrás la suerte de que algún poeta escriba bien sobre ti, porque ¿quién lo haría?, ¿Macías? Ninguno de tus lavaperros podría jamás en su mísera existencia escribir un poema.

Vos tampoco tendrás la suerte de Nerón de que no se sepa con exactitud si era bueno o malo, porque la historia antigua se escribía casi siempre posteriormente a los acontecimientos, pero la historia de hoy; como nos recuerda Fallaci: «se escribe en el mismo instante de su acontecer. Se puede fotografiar, filmar, grabar en cinta, como las entrevistas con los pocos que pueden controlar el mundo y cambian su curso». Hoy todos estamos documentando tu desgracia, tu caída, el entierro final de tu ideología espuria. ¿Y el final de tu existencia? ¿Te obligarán a matarte como a Hitler, como al mismo Nerón? Yo creo que sí, si no te resignás a que tu farsa se acabó y te exiliás o te entregás a la JEP. Claro que te podés robar las elecciones próximas: aún tenés mucho poder. Pero qué más da. Ya nadie te cree. Ya nadie se resigna. Ya todos te desobedecerán. Estamos y estás presenciando tu fin, pero no sos capaz de tocar la lira como Nerón ante el incendio de Roma. No estás tranquilo: te encuentras desvariando. Estás iracundo, horrorizado, loco. Estás, ante el incendio, mostrándole al mundo el síntoma de tu decaída.

 

Fuentes:

Fallaci, O. (1980). Entrevista con la historia. Círculo de lectores.

National Geographic. (2014). ¿Fue Nerón tan malo como se piensa?

National Geographic. (2014). Nerón, el reino del terror.

Roca-Ferrer, X. (2019). ¿Fue Nerón el hombre más malvado del Imperio romano? Una respuesta inesperada. El Confidencial.

Sanín, C. (2019). Leer al déspota. Revista Semana. 

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Autor: Mateo Quintero Soy ensayista y escritor.

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