Racismo y exclusión social: las claves del fracaso social en Cartagena

Es difícil entender cómo en la ciudad con uno de los principales puertos marítimos del país, con una parte importante de la industria petroquímica y con millonarias ganancias producto del sector turístico, sea la cuarta ciudad capital con más personas viviendo en la pobreza extrema.

 

 

Racismo y exclusión social: las claves del fracaso social en Cartagena

Columnista

Johnatan Cabria

 

Es común ver en redes sociales imágenes del Corralito de Piedra y pensar en Cartagena de Indias como una suerte de «Las Vegas colombianas». Tantos hoteles de lujo e imágenes de fiestas desenfrenadas hacen pensar en esta ciudad como en un lugar próspero. Lo cierto es que a menudo estas imágenes de opulencia contrastan de manera brusca con la realidad de una ciudad con índices de pobreza lamentables.

Es difícil entender cómo en la ciudad con uno de los principales puertos marítimos del país, con una parte importante de la industria petroquímica y con millonarias ganancias producto del sector turístico, sea la cuarta ciudad capital con más personas viviendo en la pobreza extrema.

Daron Acemoglu y James A. Robinson, en su libro Por qué fracasan los países, sostienen que las sociedades más inclusivas en lo social tienden a ser más prósperas en lo económico. Debido a que crean instituciones que aprovechan mejor los aportes de cada uno de los ciudadanos y se ponen en práctica las buenas ideas sin importar el sector del que vengan. Mientras que las sociedades que excluyen y discriminan sus ciudadanos construyen instituciones que se benefician de la corrupción y por miedo a perder su poder bloquean el emprendimiento y la prosperidad de los ciudadanos que no pertenecen a su grupo social.

Siguiendo estas ideas no es difícil descifrar las claves del fracaso de Cartagena. El racismo y la exclusión social componen la fórmula que tienen al 27 % de la población en extrema pobreza. No es fácil encontrar en el Caribe colombiano una ciudad con mayores índices de discriminación y exclusión social.

En Cartagena, según el Observatorio contra la Discriminación y Racismo del Ministerio del Interior, Cartagena es una de las ciudades donde más se presenta discriminación, especialmente hacia personas de raza negra. Según una nota publicada en CNN en el 2019 se documentaron 50 casos de discriminación racial.

Lo anterior es un problema grave si se considera que, según el DANE, para el 2007 el 35, 6 % de la población de Cartagena se autoreconoció como de raza negra, es decir, cerca de un tercio de la población total de la ciudad.

La discriminación racial y la exclusión en Cartagena no son un fenómeno nuevo, sino que responde a dinámicas históricas. En Cartagena, ciudad  heredera de construcciones coloniales y hasta cierto punto heredera de ese antiguo  legado institucional creado por España en América, tiene tan arraigada la costumbre de la exclusión que esta se ha institucionalizado como lo demuestra el manejo de la reubicación de las personas que habitaban el antiguo barrio Chambacú cuyo criterio para su reubicación fue que según las autoridades locales de aquella época este barrio «afeaba» el Centro Histórico de la ciudad, por lo que desde las instituciones locales y la prensa se construyó una imagen negativa de los habitantes de chambacú. (Ver aquí).

Las dinámicas excluyentes y racistas que, en ocasiones, se ponen en práctica desde las instituciones oficiales son un tumor que enferma a la ciudad. Son estas las que dificultan que los habitantes participen de manera eficiente en el progreso económico de la ciudad. En un foro, el rector de la Universidad del Norte, en Barranquilla, afirmó que un importante empresario argumenta que en la ciudad no hay suficiente mano de obra técnica para su empresa por lo que tenía que buscar trabajadores fuera de la ciudad. Esta afirmación nos sugiere que las autoridades locales han fallado a la hora de incluir a los jóvenes para que tengan oportunidades educativas que les permitan tecnificarse.

Una muestra de la exclusión institucional hacia los jóvenes es como los políticos caribeños ni se ruborizan cuando se presentan irregularidades en los planes de alimentación escolar, ni cuando las escuelas no cuentan con las condiciones adecuadas para que los jóvenes puedan formarse y convertirse en personas productivas para la sociedad.

Si Cartagena quiere mejorar sus índices económicos y sociales debe desmarcarse de su herencia colonial y empezar a crear una sociedad inclusiva que acerque a las poblaciones históricamente discriminadas en su acceso a la educación, a la salud. Cartagena debe crear incentivos para que los jóvenes sean motor de cambio y crecimiento económico.

 

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